“Me sorprendió mi nivel de juego”

La selección de balonmano se cuelga de los brazos de Ferran Solé, mejor extremo derecho del último Europeo y Mundial, para tratar de revalidar el oro continental

Ferran Sole

El miedo de Ferran Solé cuando fue convocado para el Europeo de 2018 era convertirse en “un lastre para el equipo”. Apenas sumaba seis internacionalidades en un vestuario con mucho callo. “Pensaba que estaría en el banquillo animando y que, si tenía diez minutos, debía hacerlo bien para, al menos, no bajar el nivel de mis compañeros”, reconoce. Su aparición en la lista de Jordi Ribera había sido una sorpresa porque sustituía a un viejo guerrero, Víctor Tomás, 165 encuentros con la camiseta de la selección. Sin embargo, Solé se destapó como un martillo desde el extremo derecho en una España que se coronó campeona continental por primera en su historia: 36 goles y elegido dentro del siete ideal del campeonato. “Me sentí menos vigilado. Nunca había jugado la Champions y casi nadie me conocía”, dice ahora casi a modo de justificación sobre aquella aparición deslumbrante.

“Me sorprendió mi nivel. Ganar el oro y tener un papel importante me parecía fuera de mi alcance”, asegura el jugador del Toulouse, que, pese a esta confesión, se considera una persona ambiciosa. Ese torneo lo colocó en el mapa y cambió su estatus. El año pasado, en el Mundial, ya todos sabían quién era, pero él siguió a lo suyo: 50 dianas e incluido de nuevo en el mejor siete de la cita. Otro despliegue ofensivo que le valió el gran salto en la liga francesa: a partir de la próxima temporada jugará en el faraónico proyecto del PSG y sus 17 millones de presupuesto.

España se colgará de sus brazos interminables para escalar en un Europeo al que llega como vigente campeona y con tres medallas consecutivas y ascendentes (bronce 2014, plata 2016 y oro 2018), aunque con el recuerdo insatisfactorio del séptimo puesto en el Mundial. “Después de un resultado no muy positivo, volvemos a empezar desde abajo. La ambición va a ser mayor que nunca”, avisa Ferran Solé, de 27 años.

A diferencia de hace 12 meses, el sorteo ha situado a la selección en el lado amable del cuadro. Dos cenicientas (Letonia y Holanda) y un hueso (Alemania) son sus rivales en la primera fase, en la que pasan dos. El enfrentamiento contra los germanos se antoja clave para allanar el camino a las semifinales. En la segunda ronda debería cruzarse con Croacia, ante la que chocó en el Mundial, pero el resto de ogros (Francia, Noruega, Dinamarca o Suecia) van por la otra parte y no se las encontraría hasta una hipotética lucha por los metales.

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